 "Hablar de Dios sin verdad, sin verdadera virtud, no es más que un nombre"
Plotino. Eneada II, 9, 15, 40, de. Gredos, 2002, 2da reimpresión.
"O bien Dios no puede eliminar el mal; o puede pero no quiere; o no puede y no quiere; o quiere y puede. Si puede y no quiere, es malo (…) Si no quiere y no puede, es malo y débil y por tanto, no es ningún Dios. Si quiere y puede, lo cual sólo es aplicable a Dios, ¿de dónde proviene entonces el mal, o por qué no lo elimina?"
Texto recogido por Lactancio. De ira Dei, 13, 20-21
El texto anterior, se utiliza (mal o peor citado) como argumento irrefutable de que, ante los males indecibles de este mundo, Dios no existe o no es un Dios de bondad. Extrañamente, si la conclusión es su no existencia, poco se hace para contrarrestar su ausencia.
La teodicea nace con el fin de justificar a Dios "¿si Deus est unde malum? ¿si non est unde bonum?" diría Leibintz en su libro Sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal.
Ya sea que se niegue la existencia de Dios o que se le haga responsable de todo acontecer -principalmente lo negativo- esta forma de encarar la realidad genera en el hombre indiferencia e irresponsabilidad.
Se dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. La sola razón no basta para convencer a nadie de ello, hace falta fe. Lo que sí es innegable, es que el hombre percibe a Dios a su imagen y semejanza. Incluso hablando de creyentes, a cierto nivel, a Dios se le adora como se adora un ídolo. La idolatría no consiste en el carácter "material" del ídolo, sino en conferir a Dios emociones y pasiones humanas. Un Dios que puede ser manipulado. Se le reconoce para obtener favores y/o aplacar su cólera.
Aun así, si se niega la existencia de Dios, considerándola como creación humana, para que exista lo divino debe existir en primera instancia lo humano. Y debiera preocupar la insistencia actual por negar la existencia de lo divino y considerar la teodicea como superada, esto resulta ser síntoma de la inexistencia de "lo humano" en el hombre.
Antes de desarrollar una teodicea que intente justificar la existencia de Dios ante los males de este mundo, se debe partir de una antropodicea que intente justificar la existencia de "lo humano" ante los males de este mundo. Sólo así se puede eliminar la indiferencia e irresponsabilidad. Eliminar lo divino de la esfera humana elimina lo humano, deshumaniza. Si Dios es malo o no existe, nada tiene sentido. Y así nos va.
"Si ante los males de este mundo se ha llegado a decir que la única excusa para Dios es que no existe, bien se podrá aducir la misma excusa para lo humano: no existe, lo que existe es lo inhumano"
Jon Sobrino, Terremoto, terrorismo, barbarie y utopía, Ed. Trotta, 2002.
A la pregunta si "Dios no quiere o no puede" habría que preguntar si el hombre, si la humanidad no quiere o no puede. Y la respuesta es que no quiere eliminar el mal de este mundo. Si millones mueren por hambre, dentro de un sistema que presume la abundancia, si no se hace nada para evitarlo a pesar de contar con los recursos suficientes, es que "lo humano" no existe, la humanidad no existe. Si el sistema basa la prosperidad de pocos en el sufrimiento y sacrificio de muchos, debemos considerar afirmativa la respuesta a "puede pero no quiere". Entonces la humanidad es mala y débil. Malo el ser humano en lo individual y débil la humanidad como conjunto.
Sin una antropodicea, la teodicea no puede siquiera plantearse. Si lo único que existe es lo inhumano, la pregunta sobre la existencia de Dios es irrelevante. Si existe guerra, hambre, desigualdad como obra del hombre, que importa si Dios existe o no, lo primero, lo humano, ha sido eliminado.
"La acción humana es buena en virtud de su adecuación con la realidad, es decir, por el hecho de que se deduce del conocimiento de la realidad".
Josef Pieper, El concepto del pecado, Ed. Herder, 1998.
Cada cuestión que plantea la teodicea, debe formularse de cara a la humanidad. Preguntar por su existencia y qué hace para erradicar el mal de este mundo "lo humano" en el hombre. Antes de salvar la cuestión de "lo divino", se debe salvar la cuestión de "lo humano". Dios, bajo cualquier esquema religioso, es Dios de hombres. La plena vigencia de la teodicea se revela de este modo.
La teodicea puede justificar la existencia de un Dios logos, pero no de un Dios creador. La antropodicea, puede encontrar la razón de este mundo como resultado de la acción creadora del hombre. De este modo, con responsabilidad, haciéndose cargo de la realidad, la antropodicea puede confirmar que, en el hombre, todo es producto. Alguien definió al hombre como el ser que cambia, para ser él mismo. Al cambiar el mundo cambia con él. Igualdad o desigualdad; justicia o injusticia como producto de "lo humano" o "lo inhumano" en el hombre.
Salvando "lo humano", la existencia de Dios se justifica en el ser y actuar del hombre, su imagen y semejanza, cumpliendo cabalmente con la voluntad divina, tal como dijo Leonardo Boff sobre el misterio de la encarnación, la humanidad de Cristo: "Así de humano, sólo puede ser Dios".
"No hemos de seguir los consejos de algunos que dicen que, siendo hombres, debemos pensar sólo humanamente y, siendo mortales, ocuparnos sólo de las cosas mortales, sino que debemos, en la medida de lo posible, inmortalizarnos y hacer todo esfuerzo para vivir de acuerdo con lo más excelente que hay entre nosotros; pues aun cuando esta parte sea pequeña en volumen, sobrepasa a todas las otras en poder y dignidad".
Aristóteles, Ética Nicomáquea, 1178b-10, Ed. Gredos, 2003.
Guillermo Rodríguez Pascual.
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